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Ashta

El alma de la repostería del Medio Oriente: una crema de leche untuosa, densa y sedosa, sutilmente perfumada con agua de azahar y agua de rosas, coronada con pistaches picados y granada.

40 min Easy Libanesa / Medio Oriente 4 porciones
Ashta

La historia detras

¡No hombre, cállate la boca con la delicia que tenemos hoy, es meterle una cuchara a esta crema y sentir una textura sedosa que te transporta directo a los palacios árabes! La ashta es la base mágica de postres icónicos como el *kunafa* o los *qatayef*, pero servirla así solita para cucharear es un postre de campeones. La primera vez que intenté hacerla en casa cometí el pecado de meterle maicena a granel desde el inicio; me quedó un engrudo denso y con sabor a harina cruda, una total desgracia. Pero luego, un pastelero libanés me dio el secreto de oro definitivo: la verdadera textura rústica se logra cortando la leche caliente con vinagre o limón para crear un requesón ultra fino, y luego esa masa texturizada se amalgama con una crema espesa cocinada a fuego lento. El otro gran truco para que te quede idéntica a la de la foto es aromatizar justo al final con agua de azahar para que el perfume no se evapore con el calor. A mí me encanta servirla bien fría al centro de la mesa con una lluvia generosa de pistaches. Queda calcada a la foto si la montas en un cuenco con decoraciones azules, dejas caer las semillas de granada roja y decoras el fondo con unas hojitas de menta fresca, tal como se aprecia en Ashta.png. ¡Te va a fascinar!

Preparacion

  1. 1
    En una olla a fuego medio, calienta el litro de leche entera hasta que esté a punto de soltar el hervor. Añade el vinagre blanco o jugo de limón, apaga el fuego y remueve suavemente. Verás cómo la leche se corta mágicamente separando el suero de los coágulos de leche blanca.
  2. 2
    Deja reposar 5 minutos. Pasa la mezcla por un colador fino cubierto con una manta de cielo para retirar todo el suero. Te quedará un requesón cremoso y ultra fino. Reserva en un tazón.
  3. 3
    En otra olla limpia, vierte las dos tazas de crema para batir junto con la maicena disuelta en frío. Mezcla muy bien con un batidor de globo.
  4. 4
    Lleva la olla a fuego medio-bajo sin dejar de mover en ningún momento con una espátula de silicón. Deja que cocine por unos 5 minutos hasta que la crema espese y adquiera una consistencia similar a una natilla densa. Retira del fuego.
  5. 5
    Agrega inmediatamente al tazón de la natilla caliente el requesón de leche que tenías reservado. Bate vigorosamente para que ambas texturas se fusionen en una sola crema untuosa, densa y con esa sutil textura granulada tan buscada.
  6. 6
    Aplica el truco maestro: añade el agua de azahar y el agua de rosas a la mezcla tibia. Revuelve bien, pasa la crema a un recipiente, tapa con plástico film en contacto directo con la superficie (para que no haga costra) y refrigera por al menos 3 horas hasta que esté bien fría y firme.
  7. 7
    Para lograr el emplatado perfecto de Ashta.png, sirve una porción abundante de la crema fría moldeándola con elegancia dentro de un cuenco de cerámica con patrones azules y blancos.
  8. 8
    Corona la superficie esparciendo una lluvia generosa de pistaches verdes finamente picados, distribuye las semillas de granada roja de forma artística y napa el centro con un hilo fino de miel de abeja antes de disfrutar.

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